Consiste en dar nuestras opiniones personales de los libros de la saga, conforme se estén leyendo, y aportar algo que nos guste.
En blog de Raquel pueden encontrar su reseña sobre el primer libro. Yo decidí, en vez de una reseña, hacer una reflexión.
HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL
“Harry
Potter y la piedra filosofal”
es el primer libro de la exitosa saga del niño mago. Es un libro que
marco a cientos de generaciones; es el comienzo de la historia que
fue capaz de romper todos los estereotipos.
Harry
Potter creció junto a miles de jóvenes que pasaban por las mismas
etapas. Fue la infancia, la adolescencia y hasta la adultez de
muchos.
Acompañamos
a Harry desde el primer momento. Nos dolió tanto como a Hagrid,
dejarlo solo en esa casa; luchamos con la impotencia de no poder
ayudarlo contra sus abominables tíos. Sentimos aquella alegría
cuando le llego su primera carta, y esa rabia cuando no dejaron que
la leyera.
Visitamos
el
Callejón
Diagon, conocimos por primera vez la fama de Harry, sentimos
su misma curiosidad con el
paquete de la cámara 713,
y
tuvimos
repugnancia por aquel rubio albino.
Le
vimos conocer a sus primeros amigos, a las personas que algún día
consideraría unos
hermanos.
Conocimos
más sobre el mundo mágico, vimos
sus primeros momentos en Hogwarts, sentimos los mismos nervios en la
selección y celebramos al saber su casa.
Se
nos salía la baba de imaginar las comidas, los
espacios y hasta las clases. ¡Era
la única escuela a la que dejaríamos todo por ir!
Sentíamos
curiosidad por saber de ese anciano barbudo que era el director,
dudábamos de la fiabilidad de aquel profesor de cabellos grasientos
y mirada oscura, y el del turbante nos parecía gracioso y raro.
Nos
enamoramos de las escaleras que se movían, de la posibilidad de
perderse en el castillo. Estuvimos en la primera clase de
transformaciones y vimos por primera vez a un animago; presenciamos
la clase de pociones y nos indignamos por como trataron a Harry.
Disfrutamos
la clase de vuelo, estábamos ansiosos por saber como se sentía
montar una escoba. Nos dolió la caída de Neville y odiamos a Malfoy
por robar su recordadora; apoyamos a Harry cuando estaba en aire y
nos aterramos cuando McGonagall
llego
para llevárselo.
Odiamos
a Ron por ofenderle,
pero después lo amamos cuando él y Harry, la salvaron del troll. Se
nos iba a caer la quijada al oír
que Hermione le mentía
a los profesores, pero
nos dimos cuenta de que fue su manera de agradecerles. Presenciamos
el comienzo
del trió de oro, la mejor amistad que pudo haber existido.
Nos
emocionamos al ver que Harry había recibido regalos en navidad (¿qué
esperábamos? ¿nabos?), estábamos fascinados con la capa de James y
queríamos enormemente que Harry
la probara. Casi nos infartamos cuando fue a la sección prohibida, pero nos
enamoramos del espejo de Oesed. Nuestro corazón se partió al
entender realmente lo que Harry veía, cual era su mayor deseo. Nos
reímos de la respuesta de Dumbledore y nos alegramos de que Harry
saliera de allí.
Sentimos
emoción por el dragón de Hagrid, queríamos verle nacer; cuando
nació nos asustamos, y nos reímos cuando mordió a Ron.
Vimos
la primera muestra muestra de la “buena” suerte Potter cuando, los
chicos fueron descubiertos. Por poco lloramos con los puntos que le
quitaron a Gryffindor.
Nos
indignamos y asustamos con que el castigo fuera en el bosque
prohibido; conocimos a Firenze. Sentimos el mismo miedo que Harry al
enterarnos del poder de la piedra y quien quería robarla.
Queríamos
detenerlos y a la vez ayudarlos a salvar la piedra; sentimos lastima
por Neville, pero sabíamos que era necesario. Los acompañamos en el
camino, nuestro corazón estaba por salirse cuando Harry quedo solo.
¡Y lo que nos faltaba!
Casi
nos da un infarto cuando supimos quien estaba detrás de todo, no lo
podíamos creer. ¡Nosotros jurábamos que era Snape!
Sentimos
alivio al saber que Harry estaba bien, no estuvimos conformes con las
respuestas de Dumbledore, pero sabíamos que así debía ser.
Celebramos
el triunfo de Gryffindor, nos reímos de la cara de Malfoy. Queríamos
armar una trifulca al saber que no se podía hacer magia fuera de la
escuela, era injusto.
Pero
nos
dimos cuenta de que era hora de volver a casa.
Acompañamos
a Harry cuando se despedía de sus amigos, nos reímos de lo que le
esperaba a los Dursley.